Maternidad Salvaje

Buenos días,

Hoy os quiero presentar a Ana, mamá de dos peques preciosos y  Médico terminando la residencia en psiquiatría.

Instagram nos unió, me encantan las fotos que publica de su hermosa familia y sobretodo leer sus pensamientos, sus reflexiones y tips de salud mental. Así que un día le escribí y le propuse que redactará un post para mi blog. Total libertad, lo que le apeteciera… y aquí tenemos su primer post hablando de la maternidad des de una visión diferente a la que estamos socialmente “acostumbrados”.  Deseo que os guste mucho, se os pongan los pelos de puntas y se despiertan esos sentimientos más animales que tenemos. Lo confieso cuando terminé de leerlo me vinieron unas ganas tremendas de llorar… Ya me contaréis vuestra experiencia.
Ana, muchas gracias por tu tiempo, tu dedicación y tu amor al escribir. Espero que este sea el primero de muchos posts en el blog.

Os dejo el link de sus instagram aquí seguro que os apetecerá seguirla 😉

En esta sociedad rápida en la que vivimos, a veces la maternidad parece un bien de consumo, algo que podremos aprender en un libro, como si de una receta de alta cocina se tratara…estamos centrados en ser productivos y eficientes, sacar rentabilidad y queremos funcionar por objetivos normalizando todo… esto termina afectando al concepto que tenemos de la maternidad y a la manera en la que nos relacionamos con nuestros niños.

Recuerdo que, cuando fui madre por primera vez, me generaba cierta ansiedad la marea de consejos y recomendaciones que me ofrecían por todas partes… me hacía sentir insegura y agotada.

Con el Segundo bebé las cosas son muy diferentes: te das cuenta de que la maternidad resulta ser bastante instintiva, de que al principio todo es un poco caótico (según mi experiencia, tratar de establecer un orden  con precisión alemana puede terminar generando una ansiedad innecesaria); Pero luego las cosas van encontrando su tiempo y su espacio.

Los primeros meses tras el parto tienen ese no sé qué salvaje que a mí personalmente me encanta, la relación madre e hijo es muy primitiva y centrada en la satisfacción de lo más básico, pero a la vez es tan profunda y plena ¡es algo casi mágico!

El mundo parece pararse y solo estáis tu bebé y tú, funcionando a otro ritmo, con otros horarios, conociéndoos el uno al otro y estableciendo ese vínculo sólido, único.

Siempre me ha impactado el valor de la intimidad, lo importante que es sentirse conocido, comprendido en profundidad… al final el vínculo de un hijo con su madre radica un poco en esto, la sensación de sostén y arraigo que proporciona una madre no se consigue de otra manera; Es el principio de una identidad singular (la del hijo) que tiene su origen en una entrega total (la de la madre).

Algo tan especial y delicado requiere una atención única, tiempo, mimo, y una firme resolución de apartar los prejuicios y las ideas preconcebidas.

La maternidad no es algo estándar, no se puede codificar, sino que forma parte del maravilloso mundo de las relaciones humanas. Cada madre y cada hijo son únicos, casi podría decirse que una mujer es muchas madres diferentes, la que cada uno de sus hijos necesita.

Si idealizamos la maternidad como un objetivo más que debemos alcanzar, corremos el riesgo de frustrarnos y deprimirnos cuando las cosas no salen como esperábamos. Cada niño viene en unas circunstancias concretas y tendremos que adaptarnos con flexibilidad a cada situación.

A veces, por enfermedad, partos instrumentalizamos, estrés…nuestro panorama cambia; La idea de maternidad que teníamos planteada se ve truncada, esto genera mucho dolor y sentimientos de culpabilidad que pueden hacernos percibir la maternidad como algo traumático, llegando a necesitar la atención de un especialista. Esta es una realidad de la que se habla poco y me parece importante que tengamos en cuenta una cosa: la maternidad es un tesoro, incluso cuando es dolorosa y rompe nuestras expectativas, incluso cuando nos da niños enfermos o nos lleva a situaciones complejas, porque su valor no reside en obtener algo propio sino en hacer posible algo de valor incalculable: la vida de nuestros hijos.

Gracias Ana!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *