Un lugar mágico en Andorra – L’ovella Negre D’Incles

Cuando conocí por primera vez este espacio tuve amor a primera vista. Mis ojos disfrutaban de tanta belleza junta. La naturaleza en estado puro, el lodge, la decoración, la comida y el staff siempre con una sonrisa. Tanto fue así, que fuimos dos días seguidos a comer en el Summer Pop-Up para disfrutarlo con toda la familia juntas. ¡Esta joya tenía que ser compartida!

Esto fue un verano hace dos o tres años…

El invierno del año pasado, nos escapamos con mi pareja a comer un día los dos solos en el restaurante del Lodge. Después de una caminata por el Valle de Incles llegamos a la Ovella Negre. Nos pusieron una mesita para dos, junto a la chimenea y sentados en los sofás de terciopelo pudimos disfrutar de un buena comida viendo como caía la tarde en el valle.

Habían recién inaugurado el Lodge. 4 habitaciones con una decoración que sólo la he visto cuando ojeas revistas de decoración o en la pelis americanas románticas. ¿Sabes esa imagen que todas tenemos en la retina? una preciosa casita de montaña, la chimenea, la taza de café y una manta… Mi sueño: dormir allí.

Y este sueño se cumplió este verano, un viernes de julio subimos con Bruno a cenar a la Ovella Negre. Disfrutamos de una cena a la luz de las estrellas, con carne de la buena y un buen vino, música en vivo y sin cobertura. ¿Qué más se puede pedir? esto son los mejores regalos que nos da la vida, estos momentos tan disfrutones.

Al terminar la velada nos quedamos a dormir en el Lodge. Era pleno verano y dormimos tapados con un edredón, sólo se oían los grillos… un lujo.

Por la mañana al despertarnos, teníamos una mesa de desayuno que era para alucinar. Zumo de naranja recién exprimido, boles de fruta natural, tostada de pan recién horneado con aguacate y huevo poche, una tabla de quesos y embutidos, café con leche de avena y pasteles caseros…. Creo que estuve unas dos horas sentada en la mesa: fotografiando cada detalle, disfrutando de los sabores, de la tranquilidad y el silencio en plena montaña.

Después de este super desayuno, nos calzamos las botas y montaña arriba. La intención era llegar al Estany del Juclar, pero yo me quedé a punto de hacer la cima. Pero como dicen los sabios, lo importante no es la meta sino el camino recorrido, y os puedo confesar que el paisaje es brutal. Te das cuenta de lo pequeños que somos delante de la gran inmensidad. Bruno decidió subir hasta arriba el lago y tirarse al agua (hombre valiente, la temperatura del agua en pleno verano es = helada!!!)

Yo baje con una familia todo el camino hablando y disfrutando juntos. Al llegar abajo a la Ovella Negre estaba el resto de mi familia que habían venido a comer juntos.

Así que con una buena comilona en el interior del Lodge y diluviando en el exterior, dimos punto y final a este sueño cumplido. Os dejo los videos en stories destacadas de Instagram.

El problema fue que, todos los chicos de la Ovella Negre me comentaron que invierno es precioso, todo rodeado de nieve… así que tengo un nuevo sueño que cumplir. Subir con motos de nieve, dormir allí y por la mañana excursión con raquetas. Papa Noel, ¿ te lo apuntas?

Un abrazo,

Maria

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