LA AUTOESTIMA

Buenos días,

¿Qué tal vuestras vacaciones de semana santa?

Hoy vuelvo a contar con la colaboración de Ana Mas , nuestra psiquiatra más querida de Instagram. Que nos hablará sobre la autoestima, qué es y cómo trabajarla uno mismo.

Y tú ¿qué quieres ser de mayor?

Desde pequeños nos enseñan a marcarnos objetivos, a proyectar hacia afuera nuestros deseos e ilusiones: quiero ser profesor, quiero ser bombero o médico, quiero ser papá, quiero ser hippie… En la medida en la que vamos creciendo, nuestras decisiones van perfilando nuestro día a día dando forma a nuestra vida en general. 

A veces, ante una decisión relevante (como elegir una profesión o formar una familia), se apodera de nosotros una angustia vital que nos bloquea y paraliza. Tendemos a creer que asumir un nuevo papel puede cambiar nuestro yo de manera sustancial.

Ser humano es un camino largo, lleno de situaciones que no tienen por qué ser malas o buenas; la realidad sucede y las cosas simplemente son. Somos nosotros los que las experimentamos como buenas o como malas, y así las etiquetamos en nuestra memoria. La verdad es que todas las experiencias aportan una enseñanza que nosotros podemos aprovechar o no.

¿Y de qué depende mi visión sobre la realidad? Pues en gran medida de mi AUTOESTIMA.

Cuando hablo de autoestima siempre empleo la misma definición, que no es técnica ni específica, pero se comprende y es real: “la autoestima es el cariño equilibrado y realista hacia uno mismo; de alguna manera, implica quererse como las madres quieren a sus hijos, conociendo los defectos y limitaciones, sin pactar con ellos ni dramatizar al respecto. Exigiendo con cariño y paciencia, esperando lo mejor siempre”

En la definición no leemos “Querer todo lo que me gustaría ser” ni tampoco tiene nada que ver con el extendidísimo “soy como soy”. Las palabras clave para una buena autoestima son: CONOCER  y QUERER.

La primera palabra, “conocer”, nos habla de un conocimiento inteligente y realista. Implica exigir una mejora de las propias capacidades, porque se es conocedor del potencial interior que uno posee. Cuando me conozco, sé quién soy y, por eso, sé lo que quiero y por qué lo quiero. Alcanzo una coherencia interna que me hace sentir seguro cuando me presento ante los demás, porque conozco los razonamientos que motivan mi conducta y puedo dar argumentos razonables (no basado en los sentimientos volátiles y subjetivos, sino en ideas inteligentes, objetivas y comprensibles por los demás). Es decir, conocerme a mí mismo me ayuda a entenderme y a explicarme en situaciones de conflicto; me va a resulta más sencillo explicar por qué no me siento cómodo en determinada situación, por qué me gustaría hacer las cosas de otra manera… En la medida en la que experimento que los demás comprenden mis argumentos, se va reforzando mi autoestima porque me aprecio a mí mismo como un buen protector y un buen cuidador.

Esta apreciación positiva sobre mí mismo y mis capacidades, hace que deje de ver las situaciones de conflicto como amenazas y comience a valorarlas como retos que me ayudan a mejorar.

El conocimiento realista también me va a ayudar a sentirme seguro cuando mis decisiones no son del todo compartidas o comprendidas por el entorno. Como seres humanos, es innegable que tenemos el anhelo de ser comprendidos y queridos, pero en algunas ocasiones esto no va a ser así. Si mi comportamiento se basa en argumentos razonables, aunque los demás me cuestionen, yo no voy a dudar. Probablemente me sentiré incómodo o triste, pero no indeciso. Una vez más, la coherencia interna me ayuda a ser yo mismo de forma inteligente y libre: no necesito que los demás comprendan mi comportamiento, porque yo sé lo que estoy haciendo. 

Del mismo modo, cuando yo me siento seguro de mí mismo y confío en mí, no necesito estar a la defensiva. Soy más capaz de relacionarme y comunicarme de manera asertiva porque para mí el mundo no es un lugar amenazante.

El “querer” se refiere al otro aspecto importante de la autoestima: el amor. Mientras el conocimiento nos habla de capacidades y mejoras, el amor nos habla de compasión y paciencia. El amor realista es la aceptación de la imperfección como algo valioso (lo que no está nada de moda). Antes o después, la experiencia nos pone en contacto con nuestras propias limitaciones y tenemos que asumir que tener limitaciones no es malo ni bueno: es real. Ante las limitaciones tenemos varias opciones, algunas menos adaptativas (dramatismo, justificación, negación…) y otras más prácticas, como la aceptación. 

La aceptación no es lo mismo que la resignación. La aceptación asume que, en lo aparentemente negativo, también encontramos cosas positivas. 

Un ejemplo: ser más o menos sensible es indiferente, cada uno es como es. Ante la conciencia de ser hipersensible, algunas personas tenderán al dramatismo (“por qué yo”, “qué injusticia”, “nadie me comprende”), otros a justificarse (“es que como yo soy así, pues los demás tienen que…”). Cuando una persona se acepta de manera racional, asume su realidad de manera constructiva: la persona hipersensible, suele tender a la susceptibilidad y esto puede generarle conflictos con los demás, porque se siente fácilmente menospreciado. De forma constructiva tratará de trabajar este aspecto, contrastando sus sentimientos de maltrato con personas en las que confíe (en lugar de entrar en una espiral de autocompasión). Si las otras personas de su confianza le dicen que está exagerando en sus consideraciones, continuará con un comportamiento normalizado (sin “morros” ni ceños fruncidos). Si las personas de confianza le corroboran sus sospechas, deberá defenderse de manera asertiva. 

Es decir: como conozco mi tendencia al dramatismo y quiero ser una persona racional y libre, contrasto mi percepción (pido ayuda) y actuó de manera racional en consecuencia.

Si os fijáis, no deshecho automáticamente mi percepción (no es que no me fíe de mí mismo), sino que la contrasto (me fío de mí pero, como me conozco, pregunto). En la medida en que voy ejercitando mi racionalidad, cada vez tendré más dominio sobre mis emociones, y mis percepciones de la realidad serán más acertadas. 

Todo esto me aporta una seguridad creciente en mí mismo, porque incluso mis limitaciones se aprecian como retos, como un punto de mejora. 

De la misma manera, al experimentar mis limitaciones de forma constructiva, con paciencia y compasión, soy más capaz de empatizar con los demás. Soy más consciente de las luchas y dificultades que los demás enfrentan, y tiendo a ser más compasivo y paciente con ellos. La experiencia de mi propia limitación me aproxima a los demás y me enseña a relacionarme y a amar desde la realidad.

En resumen, la autoestima engloba el amor y el conocimiento realista hacia uno mismo. Esta sana relación con nuestro yo nos ayuda a conocer el mundo y a los demás de forma sincera y confiada. Nos capacita para mirar con los ojos de la razón y a comprender con el corazón… Nos enseña a aceptar las experiencias vitales como retos de aprendizaje y no como amenazas… y nos hace ser quienes somos, independientemente del papel o profesión que desempeñamos en cada momento.

Muchas gracias Ana por tus posts tan constructivos. Des de aquí te pediré la segunda parte de este post (y que me inquieta más a mi) que sería: Cómo trabajar la autoestima con los pequeños de casa. Si nos puedes dar tips, ideas, actividades, etc.. para ayudarles a crear una buena autoestima personal.

pd: aquí tenéis el link de su instagram para conocerla un poco más.

Un abrazo,

Maria

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